La Unión

Cuidar coches NO ES una actividad laboral

Por Jorge Rubiani
Cuidar coches NO ES una actividad laboral
29 de febrero de 2016 - 07:09
Y si lo fuera, concedamos a los “cuidacoches” el presupuesto de la Policía Nacional y la Policía Municipal correspondiente a la competencia de “cuidar la calle” y administrar los espacios públicos de la ciudad. Es mas, en horas de poca congestión del tránsito, podrían cuidar las plazas, regar los jardines y ordenar la salida de los colegios. Hasta podrían dirigir el tránsito … ¡para que tanto semáforo!. Y admitido el status laboral de los “cuidacoches”, consideremos también en razón de justicia e igualdad de oportunidades, ellos se instalen delante de nuestras casas, en cualquier barrio de la ciudad, para hacer nuestra vida mas segura. ¡Después de tanto penar por la inseguridad y teníamos -había sido- la solución delante de nuestros ojos!.
Olvidemos igualmente las molestas disposiciones que prohíben arrojar agua servida sobre el pavimento (objeto de tanta angustia por los omnipresentes baches) y admitamos que se pueden lavar autos con jabón y detergentes sobre cualquier calle. Aceptemos que ante las incomodidades de la vida en el microcentro -y sobre todo cuando se consume mucho tereré con poha ro’ysa– se puede orinar en cualquier sitio del centro histórico, inclusive en los mismos muros del Panteón Nacional de los Héroes, como sucede actualmente. Y que, a partir de ahora, la indispensable micción se haga sin penalización alguna.
Reconozcamos clara y oficialmente que cuidar autos -como demandó recientemente un colega- “es una actividad laboral como cualquier otra” y que el resto de los ciudadanos no podemos dejar el auto en la vía pública si no contamos con la asistencia de estas laboriosas personas. Pero -siempre con el deseo de justicia y equidad- declaremos también que limpiar vidrios en los semáforos, ser niño de la calle o campesino sin tierra, son también actividades laborales. Y que por extensión, todos aquellos compatriotas en desgracia y sin esperanzas, abandonen la categoría de “desocupación disfrazada” con la que les maquilla la estadística y se incorporen liza y llanamente en la columna de los laboralmente ocupados.
En otras palabras, que las desgracias de nuestros compatriotas no resueltas o mal atendidas durante décadas, desgracias que se convirtieron en deformaciones mas que en problemas sociales, pasen ahora a formar parte de la actividad laboral “como cualquier otra” y sean consideradas normales, “necesarias”, “útiles”.
De forma que ¡nunca jamás! tengan siquiera un remedo de solución…

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