La Unión

Ahora Europa debe decidir: ¿salvar a Grecia o no?

Ahora Europa debe decidir: ¿salvar a Grecia o no?
7 de julio de 2015 - 10:04

Ahora los líderes de la región tienen una nueva crisis que atender, y que podría suponer el mayor golpe a la integración europea en 60 años: el rotundo rechazo de los griegos a los términos de Europa para un rescate financiero exige una respuesta inmediata.

Sin dinero pronto, Grecia irá a la quiebra. Eso significaría prácticamente que tiene que abandonar el euro, pieza central del esfuerzo de generaciones de políticos europeos para unir a un continente desgarrado dos veces por la guerra en el siglo pasado.

Con tanto en juego, ¿por qué es tan difícil llegar a un acuerdo?

¿Por qué Europa, cuyos líderes reunirán el martes en una cumbre de emergencia, simplemente hace más fácil para Grecia hacer frente a su enorme deuda?

Por desgracia, no es así de simple. Hay argumentos fuertes que tiran los líderes europeos hacia ambas direcciones.

Una cuestión sobre el euro

El euro se introdujo en enero de 1999. Sus arquitectos creían que impulsaría Europa, haciendo más fáciles los negocios a través de las fronteras, y ayudando a los consumidores a obtener mejores acuerdos al poder comparar precios. Se ha convertido en el símbolo más visible de la integración europea.

Pero a diferencia de otras uniones monetarias grandes, la Eurozona no vino acompañada por una puesta en común del poder político o la creación de un presupuesto federal grande, que podría ser utilizado para ayudar a los miembros más pobres.

Los votantes no estaban preparados para eso. En cambio, los 11 gobiernos que lanzaron el euro acordaron normas que, entre otras cosas, los mantendría protegidos de endeudarse demasiado. El objetivo era asegurarse de que la moneda se mantendría estable.

Desde entonces, el libro de reglas ha crecido hasta cubrir cómo están regulados los bancos y cómo pueden ser rescatados los gobiernos que se meten en problemas financieros. Países como Irlanda, Portugal y España se pegaron a esas reglas en tiempos de crisis -y han visto cómo sus economías empiezan a crecer de nuevo después de dolorosos programas de rescate-.

Grecia no lo ha hecho. Fue lento con respecto a reformas económicas y no ha podido completar el segundo de los dos enormes rescates por un total de 240.000 millones de euros.

Gran parte de ese dinero fue puesto por otros gobiernos de Europa, que son responsables ante sus electores sobre cómo se gasta. No entienden por qué las reglas se deberían cambiar para Grecia. Ni por qué se debería cancelar la deuda, lo que equivaldría a un Estado subsidiando otro.

Sigmar Gabriel, ministro de Economía de Alemania, dijo que la concesión de un trato especial sería fatal para la moneda. Si Grecia puede obtener un alivio en la deuda, ¿por qué otros no?

“Eso sería el fin del euro”, dijo a la prensa el lunes.

Algunos analistas dicen que la salida de Grecia podría incluso ayudar al euro al permitir que los 18 países restantes se comprometan aún más fuerte juntos.

Alto precio a pagar

Pero si Europa mantiene una postura rígida sobre los intereses a largo plazo del euro, corre el riesgo de ver un desastre económico en Grecia.

Aislados de todo apoyo financiero, Grecia tendría que imprimir su propia moneda y la inflación probablemente se dispararía, lo que haría la vida aún más difícil para millones de griegos que ya han sufrido años de penurias.

De hecho, los funcionarios europeos ya están hablando de cómo podrían proporcionar ayuda humanitaria -medicamentos y otros productos de primera necesidad- si Grecia no puede pagar las importaciones. Sin ella, el malestar social y político podría escalar.

La perspectiva de un Estado fallido en el sureste de Europa alarma a los políticos, desde Bruselas a Washington. Grecia es miembro de la OTAN, pero ha estado coqueteando con Rusia. Y es la puerta de entrada a Europa para muchos migrantes que huyen de la guerra, el terrorismo y la pobreza en Medio Oriente y África.

Hay otra razón poderosa por la que Europa dará a Grecia otra audiencia.

Se supone que el camino hacia la adhesión al euro es una calle de sentido único. De hecho, no reglas para administrar la salida de un país de la Eurozona.

Ahora es poco probable un efecto dominó. Es difícil imaginar a cualquier otro país eligiendo seguir a Grecia hacia el abismo económico, pero un “Grexit” llevaría a la zona euro hacia aguas desconocidas.

Y, por último, no hay dinero contante y sonante. La concesión de alivio a Grecia puede costar a los acreedores 127.000 millones de euros, la mayor parte recaería en Europa, según los analistas de RBS. Dejar que el país abandone el euro costaría al menos 227.000 millones, estiman.

Difícil elección.

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